Llega a mi consulta un adulto que ya leyó sobre el tema, que sospecha algo, y que arranca casi pidiendo disculpas, «doctor, no quiero buscar excusas, pero…». Me cuenta que es capaz, que ha logrado cosas difíciles, y que al mismo tiempo lleva años perdiendo las llaves, dejando correos sin responder, empezando la tarea más fácil a las once de la noche con el pecho apretado. Probó agendas, aplicaciones, listas, fuerza de voluntad, y nada le duró. En algún momento casi todos formulan la misma pregunta, si lo suyo es desidia, o si de verdad hay algo distinto en la manera en que funciona su cabeza.

El diagnóstico suele llegar tarde, después de años peleando con uno mismo

El trastorno por déficit de atención es una condición del neurodesarrollo, con base biológica, que afecta la atención, el control de los impulsos, la organización y la memoria de trabajo, esa capacidad de retener algo en la mente el tiempo suficiente para usarlo unos segundos después. Aunque solemos pensarlo como cosa de niños, continúa en la adultez en cerca de dos tercios de los casos, y en muchas personas se identifica por primera vez ya de adultas, después de años de creerse perezosas o desordenadas. Ese rótulo equivocado tiene un costo, porque sobre el TDAH sin tratar suelen montarse una ansiedad, una tristeza y una autoestima maltratada que también piden atención.

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El TDAH visto desde la consulta psiquiátrica

Lo primero que sorprende es que funciona, y se nota pronto

Cuando indico un fármaco, lo primero que llama la atención de quien empieza es la rapidez. A diferencia de los antidepresivos, que tardan varias semanas en mostrar su efecto, los estimulantes actúan el mismo día, así que, en cuestión de jornadas, y no de meses, la persona y yo ya sabemos si vamos por buen camino.

Y funcionan, de hecho, los estimulantes están entre los tratamientos más eficaces de toda la psiquiatría, con una respuesta favorable en alrededor de siete de cada diez adultos bien diagnosticados, una cifra que pocos medicamentos alcanzan en cualquier rama de la medicina. Lo que la persona describe como mejoría, no tiene que ver con euforia o con una personalidad nueva, suele ser algo más sobrio, el ruido de fondo baja, las ideas dejan de atropellarse, y puede empezar algo aburrido sin librar una batalla.

Cómo se toma, y por qué arranco siempre con poco

Comienzo con una dosis baja y la subo despacio, observando cómo responde cada quien, porque la dosis correcta se va encontrando con el ajuste, no la dicta de antemano una tabla ni el peso de la persona. En el camino vigilo cosas concretas, el sueño, el apetito, la presión arterial y la frecuencia cardíaca, y muevo la hora de la toma o la cantidad cuando algo se requiere, ya que la mayoría de los pacientes reportan dormir peor si la toma fue tarde o comer menos al mediodía.

Cuando un estimulante no es la mejor opción para alguien, existen alternativas no estimulantes, que actúan de forma más gradual y se valoran según cada caso.

El temor a la adicción, y lo que dice la evidencia

Casi siempre aparece, dicha a media voz, la misma inquietud, ¿no me voy a volver adicto a esto? Es una pregunta sensata, y la respuesta tiene matices que conviene conocer. Tomado como tratamiento, en las dosis y los tiempos que indico, el medicamento entra de forma lenta y estable en el organismo, lejos del golpe brusco que persigue quien lo usa mal, y por eso no produce el subidón ni el patrón de abuso que muchos temen.

Hay algo más, tratar el TDAH a tiempo reduce el riesgo de caer en el alcohol y otras sustancias, porque buena parte de ese consumo empieza como un intento de calmar la inquietud y la impulsividad que el trastorno deja sin atender. En quien ya tiene una adicción activa el plan se diseña con más cuidado, y ahí mi formación en adicciones y el trabajo en equipo me ayudan.

El medicamento abre una ventana de orden y de calma, pero no instala una rutina, no enseña a planificar, ni elige por uno las prioridades del día.

Dónde termina el fármaco y empieza el trabajo del paciente

Dicho todo esto, conviene entender el límite con la misma claridad con que celebro el efecto. El medicamento abre una ventana de orden y de calma, pero no instala una rutina, no enseña a planificar, ni elige por uno las prioridades del día. Ahí empieza un trabajo que ninguna molécula hace sola, mantener un sistema de recordatorios, partir las tareas grandes en pasos manejables, conocer los propios horarios de energía, y tratar la ansiedad o la tristeza que el TDAH fue dejando.

Por eso insisto a mis pacientes en que trabajemos como un equipo, junto con psicología, cada uno desde su oficio, porque el abordaje que une la medicación con las herramientas psicológicas le gana al que se queda en una sola pata.

Una explicación, y con ella un plan

He visto a personas pasar media vida convencidas de que eran flojas, hasta que el diagnóstico les devolvió una explicación y, con ella, un plan. Evaluar un TDAH en el adulto pide más que un cuestionario rápido, una entrevista clínica detallada, a veces con la memoria de la infancia y la mirada de quien convive con uno.

Si te reconociste en estas líneas, aunque hayas funcionado a pulso todos estos años, conversémoslo, y veamos si una de estas herramientas puede hacer que las cosas, por fin, cuesten un poco menos.

 

Dr. Víctor L. Figueroa A.

Médico psiquiatra

Soy médico psiquiatra, con consulta en Neurohealth (Santo Domingo). Estoy aquí para atenderte si presentas ansiedad, depresión, trastorno bipolar, TDAH u otra condición de salud mental.

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