Un paciente me lo contó en el tercer control como quien confiesa una pequeña trampa: se tomaba el metilfenidato de lunes a viernes, puntual, a las siete de la mañana, y el sábado y el domingo lo dejaba en la gaveta. «Los fines de semana no tengo que rendir», me dijo, «y prefiero no meterme química si no hace falta». La lógica parecía impecable, y es una de las decisiones más comunes que toman los adultos con TDAH cuando empiezan tratamiento, muchas veces sin comentarlo con nadie. Lo que me interesó de su relato vino después, cuando su esposa, que lo acompañaba ese día, añadió que los domingos eran los días en que más discutían.
La pregunta de si se puede tomar la medicación solo algunos días tiene una respuesta farmacológica sencilla y una respuesta clínica más interesante. La farmacológica es que, con los estimulantes, sí se puede, porque el metilfenidato y los derivados de las anfetaminas actúan el mismo día en que se toman y salen del organismo en cuestión de horas, de modo que no se acumulan ni producen un síndrome de abstinencia al suspenderlos un sábado. Por eso, a diferencia de otros psicofármacos, saltarse el fin de semana no es peligroso en sí mismo. Con los no estimulantes, como la atomoxetina, la historia cambia, porque necesitan tomarse a diario para mantener su efecto, y un esquema intermitente los deja sin utilidad.
La respuesta clínica empieza con otra pregunta: para qué tomamos la medicación. Si la pensamos como una herramienta de productividad, el razonamiento de mi paciente es coherente, porque los sábados no hay informes que entregar. Pero el TDAH, que es una dificultad para regular la atención, los impulsos y las emociones, acompaña a la persona en todos los espacios de su vida, y algunos de esos espacios, los que no tienen horario de oficina, son precisamente los que más se resienten.
Hay un dato que suelo compartir en consulta: un estudio publicado en 2017 en JAMA Psychiatry siguió a más de dos millones de personas con TDAH en Estados Unidos y encontró que, en los meses en que tomaban su medicación, el riesgo de tener un accidente de tránsito bajaba un 38 % en los hombres y un 42 % en las mujeres, comparado con los meses en que no la tomaban, y los autores estimaron que hasta un 22 % de esos accidentes podría haberse evitado. Pienso en ese dato cada vez que alguien me dice que el sábado no necesita la pastilla, porque el sábado también se maneja, a veces de noche, a veces con niños en el asiento de atrás.
El sábado también se maneja, a veces de noche, a veces con niños en el asiento de atrás.
Lo mismo ocurre con lo que no se mide en estudios grandes pero aparece en cada consulta: la discusión de pareja que se vuelve un infierno en dos frases porque la impulsividad no esperó a que terminara de hablar el otro, la compra que no estaba prevista, la tarde con los hijos en la que la paciencia se acabó pronto, las cuentas de la casa que siempre quedan para el fin de semana y que el fin de semana nunca se hacen. Muchos pacientes me describen el domingo como el día en que se sienten más dispersos, más irritables o más culpables, y no siempre relacionan eso con la pastilla que dejaron de tomar.
Hay también un efecto que debemos conocer. Algunas personas, al suspender el estimulante después de varios días seguidos, sienten un rebote: más cansancio, más irritabilidad, más hambre o un bajón de ánimo durante ese primer día sin medicación, un efecto que no es peligroso, aunque explica por qué ciertos lunes empiezan cuesta arriba y por qué algunos pacientes terminan culpando a la medicación de un malestar que aparece justamente el día en que no la tomaron.
Me parece que detrás de la idea de que la pastilla es solo para trabajar hay también una cuestión cultural, porque vivimos en lo que Byung-Chul Han llamó la sociedad del rendimiento, donde casi todo se justifica si nos hace producir más, y muchos adultos con TDAH se permiten tratarse solo en la medida en que el tratamiento los vuelve eficientes, como si cuidarse fuera de lunes a viernes. Cuando les pregunto qué les gustaría que mejorara de su vida, me hablan de su pareja, de sus hijos, de terminar algo que empezaron hace años, y los informes aparecen muy al final de la lista.
Por eso, cuando alguien me pregunta si puede dejarla el fin de semana, prefiero no contestar con un sí o un no, y le propongo que revisemos juntos cómo son sus sábados y sus domingos, quién los vive con él y qué pasa en esas horas.
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